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Actualizado 24/10/2016

Datos: Personas Privadas De Libertad

INFORMACIÓN RELEVANTE SOBRE PERSONAS PRIVADAS DE LIBERTAD EN EL ESTADO PLURINACIONAL DE BOLIVIA

“Toda persona sometida a cualquier forma de privación de libertad será tratada con el debido respeto a la dignidad humana”. Es responsabilidad del Estado la reinserción social de las personas privadas de libertad, velar por el respeto de sus derechos, y su retención y custodia en un ambiente adecuado, de acuerdo a la clasificación, naturaleza y gravedad del delito, así como la edad y el sexo de las personas retenidas. (Constitución Política del Estado. Arts. 73 y 74)

En Bolivia, las personas privadas de libertad están expuestas y de hecho sufren vulneración a sus derechos desde tres ámbitos: 1) la retardación de justicia, 2) las condiciones en que viven y 3) la discriminación.

En el primer ámbito, las cifras revelan que Bolivia tiene la mayor cantidad de presos sin sentencia en toda Latinoamérica, con un 84%, seguido de Paraguay que tiene 71% en esta situación; mientras que el caso menor lo registra Chile con el 16% .

A esto debe sumarse la aplicación de medidas sustitutivas inalcanzables para muchos privados de libertad especialmente sin recursos, domicilio permanente o garantías documentadas. Todo esto, según nuestras propias investigaciones, está generando además un grave sistema de exacciones y chantajes que involucraría a todos los segmentos, desde abogados, fiscales, jueces y otros. En la cárcel de Palmasola, donde el 90% están como detenidos preventivos, existen casos que llevan hasta seis años en esa condición. El propio Fiscal de Distrito de La Paz ha admitido que en ese departamento hay causas pendientes que datan del 2001.

El problema es tan grave y al mismo tiempo tan visible, que se busca solucionarlo desde varios matices como las normas sobre el indulto o la expulsión de los presos extranjeros, o aún más desesperadas como la propuesta para el uso de manillas electrónicas a los acusados como medida precautoria.

En el segundo ámbito que consideramos, quizá el problema más visible es el hacinamiento. Un estudio realizado por la Organización de Estado Americanos señala que a nivel de Latinoamérica, hasta diciembre de 2012, Bolivia tenía el mayor nivel de hacinamiento en sus cárceles después de El Salvador y Haití que presentan un 300% y un 218% de sobrepoblación respectivamente .

Según datos recientes de la Dirección General de Régimen Penitenciario, en Bolivia el nivel de sobrepoblación carcelaria alcanza al 202% ya que el total de las cárceles están habilitadas para albergar a 4.884 individuos y en la actualidad superan los 14.770. En los centros penitenciarios de las ciudades, el nivel de hacinamiento alcanza ya el 300%.

Los casos más graves de hacinamiento se dan en las cárceles de Quillacollo, construida para 30 personas y que actualmente alberga a 320; San Roque de Chuquisaca con capacidad para 60 y actualmente con 402; Palmasola de Santa Cruz que tiene casi 5000 privados de libertad y cuya capacidad es de 600; San Pedro de La Paz con capacidad para 800 personas y actualmente con una población de 2.300 personas. Los casos de Riberalta, Guayaramerín, Trinidad y San Sebastián son igualmente críticos.

Otro ámbito que reporta graves problemas en términos de derechos humanos se evidencian en la forma en que viven las personas privadas de libertad al interior de los recintos.

Hace un año, en nuestro informe del año 2012, sobre el ejercicio de los derechos humanos, la Defensoría del Pueblo señalaba que “La vulneración de derechos humanos tiene una mayor incidencia y se evidencia con niveles alarmantes en algunos espacios como los centros penitenciarios donde, además de la privación de libertad, las personas allí destinadas sufren de altos grados de discriminación y racismo, violencia física y sicológica, carencias materiales y extorsión permanente”.

Por su parte, en su reciente informe, el Comité de Naciones Unidas contra la tortura señalaba en relación a las Garantías procesales fundamentales “El Comité toma nota de la información facilitada por la delegación del Estado parte sobre las normas que rigen los derechos de los detenidos durante las etapas iniciales de la detención. Sin embargo lamenta la falta de información sobre las medidas adoptadas y los procedimientos existentes para velar, en la práctica, porque toda persona privada de libertad tenga garantizados esos derechos”

Lamentablemente la crisis de Palmasola con más de 30 muertos en uno de los más trágicos sucesos carcelarios en nuestra historia y la mayor visibilización de los graves problemas en todo el sistema, terminó por demostrar que esa apreciación correspondía a la realidad.

Nuestros estudios han identificado cuando menos tres niveles de grave afectación, que convierten a los privados y privadas de libertad en una de las poblaciones más vulneradas en cuanto a sus derechos: la corrupción del sistema penitenciario; la dependencia económica del privado de libertad para poder sobrevivir el encierro y la violación sistemática de sus derechos humanos.

El sistema de corrupción que opera en la institución de seguridad penitenciaria se funda en una relación personalista sostenida entre los funcionarios policiales y los internos. El crecimiento de la población carcelaria durante los últimos años, ha provocado que mantener el control dentro de las cárceles sea cada vez más difícil. La relación entre la autoridad institucional y las personas recluidas no se realiza a través de un sistema de castigos y recompensas determinado normativamente, sino que se funda en un conjunto de prácticas informales, conocidas y reconocidas por ambas partes, que son las que permiten gestionar la institución carcelaria.

Las cárceles se han convertido en microespacios sociales donde el control verdadero lo tienen grupos de privados de libertad que por un lado administran los sistemas de distribución de espacios, sanciones, alimentación, apoyo material y sicológico e incluso asesoramiento legal, pero por otro pueden convertirse en espacios de gestión de la violencia, la delincuencia y el abuso. Poco puede hacer la entidad policial para controlar y menos para promover los principios de reinserción que deben regir a la privación de libertad.

La falta de garantías y el riesgo sobre la vida y la seguridad forman parte del sistema penitenciario. No son poco frecuentes las muertes de privados de libertad ocasionadas por otros internos, sea por disputas de poder, ajuste de cuentas o reyertas casuales. Durante la gestión, se han presentado casos en los centros de La Paz, Santa Cruz, Trinidad y Cobija.

Aunque en Bolivia la mayoría de las cárceles tienen espacios separados para mujeres, todavía subsisten algunas en que no hay estas divisiones como las de Montero, Riberalta y Oruro, donde las condiciones de las reclusas fueron similares a las de los hombres. Los detenidos con prisión preventiva están recluidos juntamente con los reos condenados.

Según el informe “Situación de derechos humanos de las mujeres privadas de libertad en Bolivia”, realizado por la Oficina Jurídica de la Mujer, CEJIL y CLADEM, “En Bolivia solo existen 3 cárceles femeninas, las otras son compartidas con los varones, separados por puertas o muros precarios con las implicaciones negativas que supone para el ejercicio de los derechos de las mujeres. Formalmente se tiene previsto el servicio médico en cada una de las cárceles, sin embargo en el caso de las mujeres, el servicio de un médico general por tiempo parcial no satisface las necesidades que su salud reproductiva requiere. Cuando se requiere de atención gineco--‐obstétrica se debe realizar un trámite especial para lograr que las pacientes sean conducidas a hospitales públicos especializados o a especialistas particulares” .

Los menores encarcelados (de 16 a 21 años de edad) no son separados de los reclusos adultos en las cárceles y esto genera constantes denuncias por violaciones y abusos y los programas de rehabilitación para delincuentes juveniles u otros prisioneros son escasos. El incremento del número de jóvenes en las cárceles es otro problema que se suma a los existentes. Tan sólo en Santa Cruz el incremento de jóvenes entre 16 y 21 años en ese recinto aumentó en 50% en los últimos años.

La persona recluida en una cárcel debe disponer de recursos para poder sobrevivir. Generalmente, quien mantiene a un interno o interna es su familia. Los gastos más comunes son la compra de una celda y del manejo de datos y archivos personales de los privados de libertad, que es un negocio por parte de la seguridad penitenciaria.

Los derechos son vulnerados desde el ingreso de la personas al centro penitenciario. El Comité contra la Tortura de NNUU señala por ejemplo que “El Estado parte tampoco aclara las razones que han dificultado el cumplimiento de la anterior recomendación relativa al establecimiento de registros públicos de todas las personas privadas de libertad en los que se indique la autoridad que dispone la detención, los fundamentos para ello y la condición procesal del detenido. En ese sentido, el Comité observa con preocupación que el artículo 296 del Código de Procedimiento Penal se limita a exigir a los miembros de la policía la consignación en el registro del lugar, día y hora de la detención (art. 2)”.

El costo económico que representa para la familia el encarcelamiento de un miembro que, por lo general proviene de niveles socioeconómicos inferiores, genera diversos y graves problemas. Uno de ellos, es el descenso en la frecuencia de las visitas conforme pasa el tiempo de la condena, lo que obliga a buscar formas alternativas de supervivencia. Esta condición de escasez es la causa estructural de gran parte de los fenómenos de violencia intra carcelaria.

La condición económica de los reclusos a menudo determina el tamaño de su celda, privilegios de visitas, elegibilidad para salir de la cárcel por el día, y el lugar y la duración de su encierro. Muchos reclusos recientes deben dormir en los pasillos y espacios al aire libre. Los medios de comunicación informaron que en algunos centros rurales una cantidad de hasta 45 presos permanecieron recluidos en una sola celda.

El maltrato se expresa de varias maneras y con varios tipos de personas al interior de los centros. En las cárceles de mujeres, el acoso y abuso de las internas y sus visitas, son formas recurrentes de violencia presente entre el personal del centro y entre los abogados.

La inexistencia de una adecuada atención médica en las cárceles es otro indicador de las violaciones a los derechos humanos. Se puede evidenciar que no existen médicos, enfermeros, psicólogos, trabajadoras sociales, psiquiatras, etc. En las más importantes cárceles de Bolivia hay un ginecólogo para atender a todas las reclusas, en la mayoría de ellas sólo se cuenta con un médico externo o personal de enfermería.

En materia de gestión, el problema de las cárceles es la inadecuada por la distribución de las asignaciones presupuestarias. El prediario, asignado en 8 Bs por cada privado de libertad resulta a todas luces insuficiente, especialmente si consideramos la incapacidad del sistema para proveer las condiciones mínimas de vida a la población penitenciaria.

La sobrepoblación, hacinamiento y violencia en las cárceles son fenómenos que se relacionan con la crisis que atraviesa la institución penitenciaria y de seguridad penitenciaria y, por tanto, las respuestas al problema no pueden estar desarticuladas de este carácter.

Por último, la sistemática violación de los derechos humanos y las precarias condiciones de vida en las que se encuentran las personas recluidas en el país son factores que repercuten en la inexistencia de la rehabilitación social. Es una contradicción hablar de rehabilitación cuando la gente en las cárceles es sometida a maltratos, incluso tratos crueles e inhumanos.

Finalmente tenemos el problema de la discriminación social que hace del privado de libertad e incluso de quien ya cumplió su pena, un sujeto desconfiable y lo condena a una vida de segregación que afecta su posibilidad para reinsertarse en la vida en comunidad.

Justicia y derechos humanos

Es recurrente la mención de la crisis que afecta al sistema de justicia en Bolivia y las graves vulneraciones a los derechos humanos que se generan a partir de esta compleja realidad. Sabemos que por su naturaleza y definición, los derechos humanos están relacionados directamente con la justicia, que es a la vez, un medio para alcanzarlos y un fin para ejercerlos.

Sin una justicia real, palpable y evidente, todos los demás derechos alcanzados no encuentran mecanismos para asegurar su respeto, vigencia y defensa. La administración de justicia, y especialmente la garantía de un acceso libre, gratuito, pleno, oportuno, equitativo e indiscriminado, tiene que ver no solo con la posibilidad de ser escuchado y atendido cuando nuestros derechos son vulnerados, sino también de la presunción de inocencia, la libertad, la dignidad, la tranquilidad y la seguridad.

La crisis de la justicia en Bolivia es sistémica; heredada de un modelo histórico esencialmente injusto, colonial y discriminador, un modelo que ha sintetizado en su sistema judicial las taras y las miserias más profundas de la corrupción, la desigualdad y la injusticia.

La magnitud del problema que tiene que ver con un serio problema en la administración de justicia con múltiples y variados orígenes como la sobrecarga procesal con más de 500.000 causas pendientes ; la ausencia de mecanismos efectivos para disminuirla; el insuficiente número de juzgados y de jueces (actualmente hay 815 jueces en todo el país), las constantes acefalías; el desconocimiento de los recursos por parte de los acusados; el asesoramiento jurídico deficiente y a veces malintencionado de los abogados defensores; el aumento sostenido de las detenciones por narcotráfico que, al ser la mayoría in fraganti, dificultan la posibilidad de implementar medidas cautelares y el incremento anual de las causas que según informes del Consejo de la Judicatura bordea el 10% anual.

En la gestión de normas y procedimientos tampoco hay claridad respecto a la solución viable, ya que por ejemplo se ha cuestionado la efectividad de los juicios orales que también estarían generando retrasos. Según una autoridad nacional en Bolivia, hasta diciembre de 2012 había 14.000 causas esperando juicio oral , lo que significa que con los actuales tribunales de sentencia no se podrá eliminar la mora procesal.

El Magistrado Dr. Wilber Choque informó que a fines del 2011 se había recibido un 61% de causas pasadas, lo que generaba una mora procesal gigantesca. Existen 800 juzgados y un déficit de 426. Las oficinas de derechos reales tienen 388 funcionarios para atender diariamente decenas de miles de casos, lo que también genera una crisis que termina siempre afectando al ciudadano o ciudadana y con mayor frecuencia a los más pobres y desprotegidos.

En su Informe anual 2012, la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos señalaba en relación al tema en nuestro país que: “Las nuevas altas autoridades judiciales, encaminaron acciones relacionadas con la independencia judicial, la lucha contra la corrupción, la transparencia institucional, el acceso a la justicia y la retardación de justicia para enfrentar la grave situación de crisis que desde largo tiempo afecta al sistema judicial. Sin embargo, el impacto de tales medidas quedó supeditado a la implementación de reformas de más largo alcance”.

“El acceso a la justicia siguió sufriendo serias limitaciones. De acuerdo a los datos del Consejo de la Magistratura, en 2012 no se incrementó el número de jueces ni la cobertura geográfica de los mismos con relación al 2011, sin embargo, se aprobó el presupuesto para la creación de 29 nuevos juzgados. Hasta junio el Consejo de la Magistratura había designado 119 jueces para cubrir las acefalías en los juzgados”.

“Con relación al rezago judicial … aún no se ha definido una política nacional para reducir el rezago judicial en ciudades capitales de departamento y El Alto, que de acuerdo a los últimos datos oficiales disponibles alcanza al 55% y en materia penal al 71%”.

Por su parte, en las observaciones finales sobre el tercer informe periódico del Estado Plurinacional de Bolivia, presentado en octubre de 2013, el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas “reitera sus anteriores observaciones finales y observa con preocupación que persisten los informes según los cuales las injerencias políticas y la corrupción en el sistema judicial son generalizadas. El Comité se preocupa, asimismo, porque los criterios para el nombramiento de jueces excluyen, en la práctica, a abogados que han defendido a personas condenadas por delitos contra la unidad nacional. Se inquieta también el Comité por las grandes demoras en la administración de justicia y la insuficiente cobertura geográfica del sistema judicial, así como el reducido número de defensores públicos. El Comité se preocupa, asimismo, ante la falta de información acerca de los mecanismos que permitan la compatibilidad de la jurisdicción Indígena Originario Campesina con el Pacto”

En la presente gestión el Órgano Judicial organizó y llevó adelante la Cumbre nacional luego de haber realizado encuentros departamentales. Según el Ministerio de Justicia y algunas autoridades y especialistas, en ese evento no se plantearon temas de fondo ni verdaderas soluciones a los problemas que arrastra el sistema judicial.